Algunas desde el día anterior con fiebre, también había ojos llorosos, con el brillo que le dan la emoción y los nervios, algún tic nervioso se dejó ver en otras, otros traían su gran carga a cuestas dado su reciente comienzo en esta travesía, incluso visiblemente encorvados por el peso, sumidos en cierta oscuridad. Quien más quien menos en la tarde del 19 de Noviembre nos presentamos con nuestras complicaciones, pero allí estuvimos, sacando nuestro trapo del barreño, frotándolo, leyéndolo y sobre todo mostrándolo, pena que no pudimos quemarlos todos al final.

En mi estómago días antes se mezclaron varias emociones, y un auténtico revoltijo interno me decía que no fuera, que se me iba a ver, incluso me planteé el no asistir, y es que en estos días anteriores me di cuenta del precio que tiene este voluntariado.

Mirar a tu cruda realidad de frente con los ojos bien abiertos, cogerla por el cuello y elevarla para que todas y todos la vean, no es tarea nada nada fácil.

En estos días me trate mal, me despellejé, entre en paranoia, una vez más fui consciente de mi problema de autoestima e inseguridad y volví a notar esas “chinchetas en la silla” que no me dejan estar en paz. Llamé a Carmen para pedir cita, no sabía si volver a hacer el taller de secuelas o qué hacer con mi vida. Comprendí que ir a las asambleas, estar en el grupo de wassap del voluntariado, preocuparme por el desenlace fructífero del 19N y escribir en este blog, tiene un gran precio para mí, del cual no había sido consciente hasta pocos días antes de la concentración.

Entendí que esto me revuelve, que me hace tocar las heridas cicatrizadas, y me hace lamerme las que están por cerrar…que me saca de nuevo lagrimas viejas y que hace que me quite la piel a tiras nuevamente, en un acto de crueldad hacia mi misma…

Todo es el precio por este voluntariado y a mi mente viene una pregunta, ¿MERECE LA PENA?…

La tarde del 19 de noviembre tuve varias devoluciones, de lo que escribo en el blog, de las charlas y debates de las asambleas, del equipo de voluntarias, de mis amigas, de mi pareja, de otros usuarios de Garaitza…resultados, apoyo y desenlaces que me dan respuesta a esta pregunta, SI, claramente SI. Cuando la hija de seis años de mi amiga vino y me abrazó, cuando las miradas cómplices con algunas compañeras, cuando se leyó el manifiesto, cuando nos juntamos al terminar, cuando vi que podíamos ser la fuerza para quienes ahora no la tienen, cuando me percato de que son pasos que me hacen estar más cerca de la ansiada serenidad perpetua…cuando pienso en todo esto me llevo la mano al pecho y siento mi corazón, y aunque las dificultades lleguen quiero seguir diciendo SI, SI merece la pena pagar el precio.

Toca, remueve, expone, me hace sentir frágil, pero creo que sin haber podido seguir unas huellas, sin que alguien ya sanado visitase el Grupo de Ayuda Mutua, sin mi esfuerzo y el esfuerzo de otras en los diferentes talleres, secuelas, crecimiento personal, parentales…todo lo que he absorbido de ellas, todo lo que me dejaron compartir, creo que hoy no estaría aquí frente a mi ordenador, escribiendo sobre mi proceso, en mi propia casa con una vida del todo diferente a la de aquel 2015 cuando empecé. Creo que sin la generosidad de otras personas no hubiese tenido la fuerza este pasado día 19 de coger la pancarta a cara descubierta, y limpiar mi trapo. SI, merece la pena el esfuerzo, por mí y por todo toda aquel o aquella que pueda estar leyendo esto ahora mismo.

Eternamente agradecida a las grandísimas mujeres, que me dejan esas huellas a modo de guía en este proceso. Agradecida a esos grandísimos hombres que me mostraron parte de mi interior.